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DIARIO DE A BORDO – Día IV

Un buen desayuno a bordo y… ¡a empezar un nuevo día de descubrimientos! Volvimos a tomar los servicios de Taxi Blisien para ir a Tonnerre. Justo al lado de la Oficina de Turismo había un inmenso antiguo hospital de la Edad Media, y a pesar de haber sido reconstruido tras la Revolución Francesa ha perdurado hasta nuestros días y es parte de los monumentos más importantes de este pueblo. Una peculiaridad de este edificio es su meridiana, que permite observar los solsticios de verano e invierno. Es uno de los últimos que quedan intactos en el mundo. Los profesionales de la medicina o simplemente curiosos no deben perderse la segunda planta, donde está expuesto el material médico de varias épocas pasadas y ver cómo la medicina y sus utensilios han evolucionado.

De allí nos dirigimos a pie a la Fosa Dionne, un antiguo lavadero que en realidad es una profundísima fosa natural con galerías que llegan hasta los 70 m de profundidad, o al menos es hasta ahí donde han podido llegar los submarinistas especializados, ya que es un lugar muy peligroso para bucear y donde muchos han perdido la vida. Es de esperar que este lugar esté acompañado de varias leyendas, a cada cual más interesante y mística.

El pueblo en sí era precioso, así que mereció la pena pasearse por sus calles y admirar la arquitectura y sentir el ambiente del lugar.

Más tarde volvimos a coger el taxi para ir al Dominio de Béru, donde nos enseñaron el pequeño palacio que se encuentra en él así como sus bodegas, de diferentes procedimientos, y acabamos la visita con una cata de vinos acompañada de un pequeño aperitivo regional.

Tras esta interesante visita, fuimos a Auxerre, un pueblo a los pies del canal y que es el más grande de nuestro itinerario y esconde verdaderas joyas históricas, como por ejemplo la Torre del Reloj, la Catedral de St. Étienne o la abadía de St. Germain.

Y para acabar el día, fuimos a un sitio muy peculiar que se encuentra a unos minutos a pie del canal: la bodega de Bailly. Una bodega de lo más peculiar donde antiguamente se cultivaban champiñones, ya que es una cueva subterránea con varias galerías y donde nunca llega la luz. Hoy en día tiene un uso exclusivo para la conservación de vino con gas, el famoso vino frizzante. Además de poder ver – en la oscuridad – miles de botellas minuciosamente ordenadas, pudimos ver una proyección donde se hablaba del origen y cualidades de este tipo de vino. También disfrutamos de una visita audioguías y con una guía en persona para evitar que no nos perdiéramos o que tocáramos las botellas, ¡ya que al parecer son tan frágiles que podrían explotar al mínimo golpecito! Al final de la visita, tuvimos el gusto de catar algunos de los vinos que producen allí.

Para terminar el día, tomamos nuestro taxi privado para cenar junto al canal en Laroche Saint Cydroine, en el restaurante Les Rives de l’Yonne, un lugar con unas vistas muy agradables hacía el canal.

Leer día V